La RBA y lo que viene después
Autoría, procomún y nuevas economías del uso en la era digital/IA
Por Daniel G. Andújar
1. Punto de partida: si pedimos RBA, también cambiamos las reglas del juego
Defender una Renta Básica para las Artes (RBA) es afirmar que la creación aporta un valor social no capturado por el mercado. En consecuencia, no basta con estabilizar los ingresos: necesitamos rediseñar las lógicas de autoría, propiedad y circulación para que ese valor social se realice plenamente. La RBA abre una puerta; tras ella, hay que discutir cómo se distribuyen derechos y deberes en una ecología cultural donde la obra ya no es solo mercancía: es infraestructura de sentido y uso.
2. Autoría después de la 'obra única'
He crecido en un sistema que sacraliza la unicidad: el aura del original, la pieza irrepetible, el certificado. Ese régimen ha tenido efectos colaterales: exclusión, escasez artificial y barrera de acceso. Con la RBA garantizando subsistencia y autonomía, puedo desacoplar mi supervivencia de la venta del original. Esto me permite pensar la autoría como autoría-que-habilita, no como autoría-que-restringe. La pieza única seguirá existiendo, pero perderá su monopolio como modelo de sostenibilidad. El valor se desplazará hacia la capacidad de activar procesos sociales y comunitarios.
3. Propiedad intelectual: del cerrojo al ecosistema de licencias
Con la RBA como colchón, puedo elegir grados de apertura sin convertir cada licencia abierta en una renuncia al pan. Modelos híbridos permitirán licencias Creative Commons para materiales educativos o investigación, cláusulas de reciprocidad en usos comerciales, y licencias temporales o contextuales. La propiedad deja de ser dogma para convertirse en arquitectura de incentivos: abrir donde el beneficio social es alto, restringir donde hay captura privada de valor sin retorno.
4. Procomún cultural: del 'todos pueden mirar' al 'todos podemos hacer'
El procomún no es un repositorio pasivo, sino una infraestructura activa de cooperación. Con RBA, puedo dedicar tiempo a publicar procesos, cocrear con comunidades y reconocer coautorías. Puedo promover mecanismos de gobernanza colectiva que definan qué se abre, cuándo y cómo, y qué retorno genera para artistas y comunidades.
5. Economía cultural del uso: del ticket a la trayectoria de implicación
Si el valor principal es el uso social, la métrica deja de ser entradas vendidas y pasa a medirse en horas de implicación, profundidad de interacción y persistencia de la obra en el tiempo. Esto abre una economía del acompañamiento: talleres, actualizaciones, servicios culturales, adopción institucional de archivos y procesos vivos en lugar de adquisiciones muertas.
6. IA y nuevas tecnologías: de la extracción al contrato cultural
La IA aprende de imágenes, textos y sonidos. El régimen actual tiende a la extracción masiva sin retorno. Con RBA, puedo exigir un contrato cultural basado en transparencia (trazabilidad de datasets), remuneración por entrenamiento y licencias machine-readable que regulen scraping y uso automatizado. Propongo modelos públicos y territoriales de IA entrenados con corpus consentidos, con retorno directo a los artistas.
7. El mercado del arte después de la RBA
El mercado no desaparece, se reconfigura. Siguen existiendo las piezas-objeto, pero crecen los contratos de activación, los derechos de uso y los modelos de custodia compartida. Las instituciones adquieren procesos y protocolos vivos. El coleccionismo responsable se mide por su capacidad de acceso y reactivación, no solo por su acumulación.
8. Diseñar la transición: del autor-propietario al autor-infraestructural
La RBA me permite habitar otra identidad: el autor como diseñador de infraestructuras culturales. No abandono la firma, la reoriento hacia los cuidados del ecosistema. La obra única ya no es la única moneda; el tiempo social de la obra se convierte en capital cultural y político. El éxito deja de medirse por la escasez y el precio, y pasa a medirse por la capacidad de transformar usos y subjetividades.
Conclusión: del derecho a crear al derecho a compartir
Si reclamamos la RBA, reclamamos también la madurez de una economía del uso que dignifica la autoría, redistribuye el acceso y pacta reglas claras con la IA y las plataformas. No se trata de regalar la cultura, sino de ordenar inteligentemente sus aperturas y exigir reciprocidades donde hoy hay extracción. Ese es el salto: de la supervivencia por pieza vendida a la sostenibilidad por infraestructura compartida. De la autoría-candado a la autoría-contrato social.
Bibliografía complementaria
Creative Commons, The Power of Open, Creative Commons Publications, 2022.
Elinor Ostrom, Governing the Commons, Cambridge University Press, 1990.
Yochai Benkler, The Wealth of Networks, Yale University Press, 2006.
Lawrence Lessig, Free Culture, Penguin Press, 2004.
Daniel G. Andújar, Archivo como sistema operativo, MNCARS, Madrid, 2015.
European Parliament, Resolution on Cultural Commons and Shared Heritage, Brussels, 2024.
Open Future Foundation, Reciprocal Licenses for the Digital Age, 2025.
UNESCO, Recommendation on the Ethics of Artificial Intelligence, Paris, 2021.
Nota: Todos los textos del proyecto Renta Básica para las Artes (RBA-E) se publican bajo licencia CC BY-SA 4.0.